Sep 04

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Mil ideas revoloteando en la cabeza e indeterminadas observaciones sobre cosas que a una gran mayoría ni les va ni les viene, principalmente, aquellos que solo son un número o una combinación de letras y números producto de un “delicado” estudio para clasificarlos. Ejemplo; ICV 1, dos, tres y cuatro con el apellido común de “pobres” y como tales son tratados y considerados.

Más o menos desechables, buenos sólo para emitir un voto. A estos pobres de todo, carentes de intereses que no sean la fundita o el salami como dádivas, principalmente en tiempos de campaña, hablarles de Nación o como escribió el dilecto amigo Soto Jiménez que: “La Patria, tierra donde germinan nuestras ilusiones. Territorio de fatigas y labores. Patria, conuco donde sentarse en el umbral de la tarde para contar la siembra” es, simplemente, como si les habláramos en un lenguaje extraño, que no le significa nada.
Somos rebeldes a comprender que si las palabras o ideas no son ejecutables, sucede con ellas igual a los que ponen sus esperanzas en aquellos que viven de las palabras y presentaciones de ideas que solo benefician a los que las expresan, como es el caso de la oratoria política. Y es, que todo se queda en un supuesto “esfuerzo” sin movimiento alguno, sin trabajo. Verbigracia, como el discurso de los alumnos del viejo profesor, que han hablado, hablan, hablarán y al final, sólo “ellos” han cosechado y cosecharán,en tanto, de manera muy sutil, participan e incursionan en todo tipo de negocio sin importar lo disímil de los mismos, carburantes, invernaderos, restaurantes, hoteles y cuantos a usted le venga a la mente.
En lo que el hacha va y viene, nos cuestionamos; ¿Qué será ese algo que nos conducirá hacia el camino del raciocinio? hacia ese camino que nos haga pensar por mente propia y que no nos deje tomar el rumbo cual veletas al viento hacia donde otros quieran o deseen, es decir, hacia objetivos particulares de los partidos y gobernantes; ese camino que no nos distraiga de las metas nacionales como sucede ahora que un tema inventado, alterado o no a cada momento y a su conveniencia,que nos ponen a ver en la dirección conveniente para una minoría, como acontece con el gastado tema haitiano.
Debemos y tenemos que estar conscientes de que el peligro para la Nación, para la Patria, para el País, no es Haití… ¡Somos nosotros mismos! Si, somos nosotros quienes nos estamos destruyendo; somos nosotros los indisciplinados; los que no respetamos nuestras propias leyes y todo esto es suficiente, sin el malsano proceder de los políticos, para mantenernos hundidos. Si fuera todo lo contrario, el famoso caso haitiano sería absorbido por las mismas leyes y el que piense lo contrario –que está en su derecho-, fíjese en el caos del transporte y la inseguridad en nuestras calles.
Hay que buscar esa guía de la razón que hemos perdido. Volvamos a pensar por un instante en esa razón de ser como aquellos que nos dieron nombre y estado como república. Dejemos la excusa de que ahora son otros tiempos y que siquiera la juventud piensa, habla u obra con criterios patrióticos, sino, en tener, en poseer todo pero, de inmediato, sin esfuerzo alguno, porque quizás, solo quizás, la responsabilidad descanse en aquellos que no reparten su sabiduría, donde pueden morar aquellos elementos fundacionales de nuestra existencia.

No podemos proseguir con este estilo de vida, donde lo importante son los comités, los partidos. Donde los políticos se les olvida, que no se acosa el caballo en la subida ni al amigo en la bajada, porque el pueblo es el caballo, porque el pueblo es el amigo y que todo en la vida…¡Cansa! Temo, que llegado el momento, algún “Líder” espúreo, por demás “revolucionario”, pretenda convertirnos en algo parecido al cuadro Cubano; Nicaragüense o Venezolano, países millonarios, hoy en las peores de las miserias. ¡Sí señor!

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