Sep 16

Desorden

Tres ciudadanos haitianos fueron apresados por intentar agredir a pedradas junto a otros extranjeros a policías municipales que les ordenaron apagar una fogata que habían encendido para cocer alimentos en el parque Mirador Sur, un incidente sintomático que desnuda la cruenta situación de desorden migratorio.

Los detenidos, que no poseían ningún tipo de documentos, la emprendieron a pedradas contra vigilantes desarmados de ese parque y pusieron en peligro además la integridad de otras personas que se ejercitan en ese espacio protegido, así como de conductores que transitaban por la avenida Anacaona.

Se dirá con toda razón que el parque Mirador Sur es también agredido por ciudadanos dominicanos que lanzan desperdicios en sus áreas o es lugar para perpetrar actos delincuenciales, pero se sabe que las autoridades procuran reprender o apresar a quienes violenten normas de civilidad o incurran en delitos.

Lo que se resalta es que en un parque urbano, cuya preservación e integridad está protegida por una ley especial, un grupo de inmigrantes encienda una fogata para cocinar y, peor aún, que agreda a pedradas a las autoridades que tratan de impedirlo.

Ese episodio es revelador del grado de permisibilidad y anarquía que se observa en todas partes en lo relacionado con el tema migratorio, porque no son pocos los indocumentados que reeditan aquí la situación de desorden e ingobernabilidad que dejaron al otro lado de la frontera.

La ciudadanía reclama de las autoridades imponer control migratorio y aplicar la ley por igual a dominicanos y extranjeros, porque no es justo que a las falencias que agobian a la población se agregue el desorden y la violencia generada por indocumentados procedentes de cualquier parte que ingresan aquí sin ninguna restricción.

Antes o después

No hay forma de entender la insistencia de sectores nacionales y foráneos en descalificar la gestión de diálogo que promueve el Gobierno dominicano en procura de una solución pacífica a la grave crisis política que agobia a Venezuela.

Ante tal irracionalidad es menester advertir a quienes lanzan baldes de agua fría a tan necesaria iniciativa, que la negociación entre Gobierno y oposición venezolanos debe encaminarse antes de que en la patria de Bolívar ocurra una catástrofe, y no después.

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