Nov 10

La poesía que no se ha contado

Dicen que el tiempo cura todo, pero para El Poeta Callejero existen duros momentos que marcaron su niñez, los cuales le robaron sueños y alegrías. Heridas que con los años se convirtieron en núcleo de fuerza, pero recordarlas desploma por un instante un camino lleno de poesía.

Dueño de una mirada llena de esperanza, una sonrisa conquistadora y un corazón repleto de ilusión, este artista se dio a conocer en los barrios de la capital teniendo su origen en el sector Mandinga de la carretera Mella, pero pocos saben cómo este joven llegó a los suburbios y, por consiguiente, a la música.

Gabriel Santana, su nombre real, es oriundo de un pueblo llamado Mesopotamia, de la provincia San Juan de La Maguana. Allí, junto a su familia, vivió hasta los ocho años una infancia alegre con muchas comodidades entre las bondades que brinda la naturaleza, según expresa.

Pero en 1998 su vida cambió por completo, pues el paso del huracán George no solo le arrebató lo material sino también a su familia.

“Recuerdo que las autoridades dijeron que el ciclón no venía y después que sí; mi familia no tomó precaución a tiempo, nos quedamos en la casa, no nos fuimos a refugiar. Durante el pasó, la presa se desbordó, veía cómo mi casa poco a poco se desprendía, todo se perdió, de mi casa sacaron 14 muertos, hasta con perros entrenados buscaban entre los escombro los muertos para sacarlos” dijo con tristeza el artista durante una entrevista. Sus reuerdos agudamente se enfatizan en la pérdida de su abuela quien en medio de todo para salvar parte de lo poco que le quedaba en su hogar terminó siendo parte de las bravas aguas que arropaban todo a su paso.

“Mi abuela me dejó agarrado de una verja, porque iba a buscar algo, debido que hay veces que uno se aferra a lo material, ella fue a cerrar la puerta pero ya el agua venia con to’, y ahí mientras me sostenía de donde estaba, ella me tendió la mano y cuando la iba a agarrar, ahí mismo se fue una de las verjas con ella, y así veíamos madres que perdían a sus hijos de entre los brazos; otros de amarraban las tablas para no ser arrastrados”, relató. Durante los próximos días fue a parar con su madre en la fortaleza de San Juan, que fue utilizada en ese entonces como albergue para los refugiados.

“Ya después de eso nos vinimos para la capital a donde una tía, pero al poco tiempo mi mamá y yo nos mudamos en un cuartico del barrio Mandinga. No teníamos ni cocina, esa habitación era todo al mismo tiempo: sala, habitación, cocina, o sea todo en un solo lugar. Para sobrevivir mi mamá vendía ropa y yo la cobraba en la calle” indica.

Con los meses, y sediento de de una vida normal sin vicisitudes, poco a poco fue creando una personalidad rebelde sin causa y sin fin, que lo llevó a ser parte de la calle.

Su actitud de “loco” lo llevó a iniciar su encrucijada por la música, comenzando por La Batalla de Los Gallos, y luego topándose con Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, siendo el mismo Poeta Callejero quien le recomendara crearse un blog llamado Alofoke Music, y desde el 16 de mayo la historia de su vida y carrera músical es otra.

“Mi vida ha sido como un sube y baja, como el marcapaso de un corazón, ninguna historia es como una recta, pero a pesar de eso siempre fui feliz y soy feliz, nunca he hecho nada a propósito, solo que hubo cosas que me afectaron pero hoy estoy de pie y listo para seguir haciendo buena música para todas las personas que confiaron siempre en mí a pesar de todo lo sucedido”, puntualizó.

Música
Con una carrera musical reencontrada, El Poeta asegura que no haría otro contrato como el que Universal Music le ofreció hace unos años, aunque no descarta la posibilidad de llegar a acuerdos con otra disquera, pero que esta vez “Leería lo que me ofrecen porque no sabía que hay maldad con negocios”.

 

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