¡Paren el circo!

Desde litorales del Gobierno y de la oposición se realizan esfuerzos para convertir el 2018 en el año crucial de la agenda electoral, lo que resta validez al compromiso de debatir temas urgentes y esenciales relacionados con la agenda económica y social que requieren de consenso político, empresarial y comunitario.

Con más de dos años de antelación del día de las votaciones, la clase política levanta una enorme carpa electoral, tan elevada y extendida que ya impide la visión colectiva sobre asuntos de primer orden como la aprobación y aplicación del pacto eléctrico o la discusión más amplia sobre el tema fiscal.

Payasos, bufones, trapecistas y demás teatreros políticos han sido convocados a los ensayos generales para una adelantada campaña electoral, sin que los dueños del circo reparen en el daño que infringen a la nación con el archivo anticipado de una agenda vital para el crecimiento, desarrollo y gobernanza.

No se toma en cuenta siquiera que el tema migratorio se torna complejo, no solo porque República Dominicana es asediada desde allende los mares para que acepte lo de una isla indivisible, sino también porque Haití representa el segundo mercado de exportación y porque su ancestral miseria y marginalidad se vuelve contagiosa.

Tampoco se entiende que la crisis del subsector eléctrico coloca a la economía dominicana al borde del despeñadero porque no es posible construir un ensamblaje competitivo productivo con tan altas penalidades en precios y deficiencia en la generación, distribución y consumo de energía eléctrica.

Gobierno, clase política y sector empresarial están compelidos a consensuar una agenda nacional que incluya los temas migratorio, seguridad ciudadana, fiscalidad, electricidad, educación, transparencia, servicio judicial, equidad social y económica.

Que no se diga que “eso es lo que la gente quiere”, cuando desde los ámbitos de Poder y de resortes de intereses políticos y corporativos se intenta imponer una agenda basada en reelección, tempranas candidaturas o madrugadoras ambiciones. El 2018 no puede ni debe ser un año electoral.

El mundo de hoy está signado por la convulsión económica, política y por amenazas de conflictos mayores, por lo que aquí deberíamos estar revisando las cuentas nacionales, los proyectos básicos de la nación y la posibilidad de aprovechar al máximo la mejoría de la economía de Estados Unidos. Paren el circo.

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