Cayó Kuczynski

Acosado por un cúmulo de pruebas y evidencia sobre corrupción, el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, dimitió ayer para evitar una segura destitución por parte del Congreso, con lo que esa nación agrava su crisis política a dos semanas de la celebración de la Cumbre de las Américas, a la que asistiría el presidente estadounidense Donald Trump.

A pesar de que Perú ha mantenido por años un sostenido crecimiento de su economía, durante casi tres décadas sufre crisis de credibilidad y gobernanza que han afectado gestiones de gobiernos dictatoriales, tecnócratas y socialdemócratas, todos matizados por escándalos de corrupción.

A Kuczynski se le involucra en el escándalo de Odebrecht, una multinacional brasileña que admite haberle entregado millones de dólares en soborno, pero que el exmandatario alega que fueron pagos por asesoría ofrecida por una de sus empresas.

La oposición política encaminó un juicio político contra el mandatario con el propósito de que fuera destituido por sus supuestos vínculos financieros con Odebrecht, pero una jugada política que incluyó el indulto al expresidente Alberto Fujimori, le permitió salir airoso en ese proceso.

El renunciante presidente no pudo superar otra crisis reputacional que afloró con la presentación de vídeos en los que se observan a miembros de su gabinete en su propia presencia, gestionar pago u ofrecimiento de dinero a legisladores para que impidan un proceso de destitución en su contra.

La dimisión del mandatario peruano tendría un impacto negativo sobre la cumbre presidencial que se celebrará en Lima dentro de dos semanas, a la que se ha confirmado la asistencia del presidente de Estados Unidos y en la que se abordaría el tema sobre la crisis política que abate a Venezuela.

Como ironía política se señala que Kuczynski, quien prohibió la presencia del presidente Nicolás Maduro en esa cumbre, no estará presente en tan importante cónclave porque una indetenible crisis de corrupción lo ha obligado a renunciar.

No debería soslayarse que el liderazgo político y las instituciones partidarias de Perú padecen de una severa crisis de credibilidad que se extiende por casi 30 años, por lo que varios exjefes de Estado han sido encarcelados o huyen a la justicia penal, una experiencia que debería ser asimilada en toda América Latina.

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