Ago 04

La epidemia

La desesperanza es como una epidemia que se propaga muy rápidamente a través del discurso pesimista que convierte en quimera el anhelo de bienestar y castra toda posibilidad de que se alcance el éxito por vía del trabajo tesonero y de una incólume perseverancia.

El desaliento anticipa la derrota y despoja al combatiente de herramientas indispensables como el valor, fe y determinación, en su lucha por derrotar al minotauro que todavía deambula por los laberintos de incertidumbre.

Desde la fundación de la República se mercadea la falsedad de que el gentilicio dominicano se asocia con el pesimismo, que se resigna a la desgracia o convive con la derrota, lo que ha sido desmentido por una historia repleta de episodios sustentados en la heroicidad y el sacrificio en aras de conquistar y preservar equidad, libertad e identidad.

Es verdad que casi cuatro millones de dominicanos han emigrado allende los mares en procura de mejor fortuna, pero en justicia debe decirse que la inmensa mayoría ha dejado aquí su alma y corazón, lo que se refleja en los más de seis mil millones de dólares que ingresan cada año en remesas.

En 1961, cuando se produjo el ajusticiamiento del tirano, el Producto Interno Bruto (PIB) no superaba los dos mil 500 millones de dólares; hoy el PIB nacional supera los 72 mil millones de dólares, contundente muestra de que los dominicanos no arrastran los pies.

Tampoco se niega que aún no se divisa el fin del camino que se recorre hasta llegar a las puertas del desarrollo, pero si se voltea la mirada, tampoco se divisa el lugar desde donde comenzó tan larga caminata. La gran marcha no se detiene ni se detendrá.

Como en todos los ejércitos, son muchos los soldados que desertan o que por múltiples razones se quedan a la zaga de la caravana, pero es injusto pretender morirse en la víspera, infectarse de desaliento o, peor aún, carecer de respuesta cuando las futuras generaciones pregunten dónde estaba usted cuando los otros marcharon.

La desesperanza es un producto altamente radioactivo que daña tanto a los que la sufren como a quienes la mercadean. Lo que requiere esta nación para seguir hacia adelante es que todos sus buenos hijos halen la cuerda en dirección a la justicia social, al progreso, a la equidad, institucionalidad y justicia, para lo cual se requiere de altas dosis de fe, valor, perseverancia y esperanza.

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