Ene 11

Hecho En RD

La declaratoria de 2018 como Año de Fomento de las Exportaciones representa una gran oportunidad para que Gobierno y sector privado empalmen una alianza estratégica que impulse la diversificación, conquista de nuevos mercados e incremento del volumen y del valor de la oferta exportable nacional.
Las exportaciones agrícolas, pecuarias, agroindustriales, industriales, artesanales, manufactureras y mineras representan fuentes sanas de generación de divisas, empleos, transferencia tecnológica, capacitación laboral y redistribución del ingreso.

Aunque nuevos productos se han incorporado a la canasta exportable, como banano, frutos y vegetales, todavía las ventas al exterior están signadas por una mentada economía del postre liderada por el café, cacao, azúcar y tabaco que ha derivado en una industria líder mundial de cigarros procesados.

La economía dominicana tiene potencial para quizás duplicar en el corto plazo los 7,617 millones de dólares alcanzados durante el periodo enero-septiembre de 2017, de los cuales US$1,253.2 fueron aportados por el sector minero y US$4,810.1 por la industria.

Hace más de 20 años que una gestión exportadora en El Salvador, país recién salido de una cruenta guerra, solo tomaba 35 minutos en una eficiente ventanilla única, comparado con la República Dominicana de entonces que requería una semana y el recorrido de 72 kilómetros por varias instituciones oficiales.

No es mucho lo que se ha avanzado en más de dos décadas en el ámbito de las exportaciones nacionales como lo demuestra la desalentadora estadística de ventas anuales a la zona del Caribe por unos 180 millones de dólares, un mercado que demanda bienes por 27 mil millones de dólares al año.

El intercambio comercial con Estados Unidos arroja un déficit de más de dos mil millones de dólares al año, pese a que con esa nación está vigente un acuerdo de libre comercio y que posee un mercado cautivo o étnico integrado por casi dos millones de dominicanos y una cantidad varias veces superior de hispanos.

Se requiere de una gran revolución en ese sector que involucre mejoría en la gestión de exportación, incentivos a la inversión para producir o incrementar bienes exportables, estudios e identificación de nuevos mercados, entrenamiento al personal diplomático y consular y, sobre todo, de una auténtica cultura de calidad, competitividad, innovación y servicio

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